FIESTA GAME OVER: Cierre de SALA METRO (BIGASTRO, ALICANTE)      

                                

                                                               Imágenes:  22-10-1992 ___ 12-3-2003  

                                                                                  

                                                                    "¿LO MÁXIMO?"


En aquella noticia, en principio, no había por qué EXAGERAR. Esperábamos lo básico, darle colorido a un final que se venía ya oliendo desde hacía tiempo, algunos esperábamos que nuestra mal-divulgada ruta tuviera un acabe al menos digno, un THE END oficial, ya que el real estaba más que dado desde hacía años. Camino pa-rriba quise ilusionarme pero era fácil preguntarse si no sería más que un acto de puro marketing ya fuera para levantar la legendaria sala o para darle una nueva salida.

La verdad es que recién llegados la impresión de Game Over se hacía poco de notar, más bien renacía de sus cenizas. Pero había que ser precavida y no hablar a destiempo, así que antes de rayar de entusiasmo a nadie seguimos investigando. Todo parecía cuajar sospechosamente, excepto el trastero que no estaba abierto (desfasado fallo por otro lado), Metro volvía a regalarte ese gusano en la panza que hacía tiempo que no se dejaba sentir... Incluso el eterno concurso de a ver quién es el más kinki de todo el recinto resultaba apetecible, o cuanto menos entretenido. Cientos de brillantes gafas megafashion botaban al compás de toda una algarabía de new-pseudo-punkys con pelos descaradamente retocados para la fiesta final. Decenas de concursantes se las veían y se las deseaban para resultar el más destroyer de la jornada; ante tanta competencia lo más sensato era sacarle la parte lúdica a aquel último espectáculo. Es curioso que entre tanta fachada existiera una autenticidad a la que ya nos habíamos desacostumbrado: la noté sobre todo en el circo que se montó en la parte superior, gracias a unos punks de akellos de toa-la-vida, quienes se habían tenido que poner como nunca para dejarse rodear por tanto disfrazado de Breshka o Pimkie en su defecto. En aquella supuesta última noche todos estábamos dispuestos a ser lo suficientemente tolerantes como para dejarnos llevar por cualquiera. Además, no todo eran disfraces y caretas, Metro estuvo todo el tiempo rodeada de peña auténtica que hacía caso omiso al cante de tal competición. No hice otra cosa que disfrutar de ellos para sacarle lo máximo a esa noche. Salió bastante bien, sólo debíamos quedarnos en la carpa-remember para no necesitar nada más: sus dos llamas gigantes recordándonos que los lokos-pasionales éramos los que allí estábamos y música de principio de los 90 para que no se nos olvidara que lo seguíamos siendo. Determinados temas te hacían recordar cosas que irían desapareciendo y reencontrarte con quienes de otra manera nunca hubieras vuelto a ver. Bien es verdad que tuve la imperiosa necesidad de tropezarme con mucha gente imprescindible para cerrar una etapa tan movidita, pero nadie es quien para remover conciencia de algo en lo que ya no se cree.

También hubieron desencuentros, de esos en los que miras, te reconoces, pero nadie da el paso, y es que en momentos dados nuestro grado de gilipollez supera al del pelotazo; normalmente se trata de peña que cree que quien se entusiasma con tiempos pasados es un pobre nostálgico fracasado a tiempo real. Hay mentes que no se les puede pedir más. Casualidad o no, esa noche me encontré mayormente con los de mente no tan chica. Con ellos viví allí lo que parece que va a ser la penúltima (la última no existe), con ellos y con un METALHAMMER de AND ONE nos despedimos de la carpa sin avergonzarnos de sentirnos parecidamente extasiados a antaño: fue un tema demencial para un final dudoso. Por supuesto, ese final no está grabado, ni se podrá grabar nunca, porque es tan intangible como el final de cualquier despedida dudosa. Lo que si va está dedicado a todo el que lo vea y le guste, pero especialmente lo dedico a mi amiga Alicia Flores, que tuvo su propio game over poco antes que la discoteca y que fue para muchos una de las más psicodélicas imágenes de entonces y en especial de Metro. Su historia también cambió luego bastante, mejor dicho, la cambiaron, ninguna historia cambia sola. No pondría medallas a quien nunca movió un dedo para intentar ganarlas; muy al contrario, no olvido que hablo de algo tan poco trascendental como la fiesta; así que, en ello, me puedo permitir ponerla en lo más alto.  Las circunstancias de su último viaje fueron las peores que puede tener un ser, y como escenario la más absoluta soledad... Aquí te voy hacer un hueco para que te quedes todo el tiempo que quieras, para que de ti se recuerde esa parte que tan pronto se olvidó. Te quedarás, le choque a quien le choque...

Hubiera estado bien que SU última se hubiera dado en esta despedida de SU sitio fetiche. Que en uno de sus continuos arrebatos, cantando SU "A brighter day" de Taleesa, lanzara como siempre pierna hasta la cabeza, plataforma de varios kilos incluída, y del impulso se hubiera ido derechita al paraíso. Al fin y al cabo no hizo otra cosa en su vida que buscarlo y, cuando lo encontraba, nunca se lo quedaba. Ama y sierva de una energía escandalosamente generosa que le hace tener el peor de los vicios, el de querer transmitir a toda costa aun cuando no existiera ya receptores interesados.

Me encanta que te parezcas tanto a Metro: una pasión tan profunda o artificial como quiera verse, pero lo suficientemente viva como para tener la capacidad de apagarse, ambas tuvieron su tiempo y en él... fueron lo máximo.
 

                  

    BLOG  ___