Carmen Conde, primera académica en amar Cabo de Palos

Carmen Conde, aun siendo autora de más de un centenar de maravillosas obras, es recordada, sobre todo, por ser la primera mujer que logra conquistar el patriarcado académico. En 1978, éstos votaron la persona que ocuparía la silla vacía del fallecido Miguel Mihura: Carmen Conde Abellán se convertiría en la primera mujer en ingresar en la Real Academia de la Lengua Española, sillón "k", con el discurso "Poesía ante el tiempo y la inmortalidad."

Carmen Conde nació en Cartagena en 1907 y su infancia transcurrió entre esa ciudad y Melilla, en Madrid se estableció definitivamente en 1939.
Estudió Magisterio en la Escuela Normal de Murcia y más tarde Filosofía y Letras en la Universidad de Valencia.
Fundó y dirigió la Universidad Popular de Cartagena y el Archivo Semanario de Rubén Darío en la Universidad Central de Madrid.

Su primer libro, Brocal (1929), un libro de poemas en prosa a través del cual ya pone de manifiesto sus inquietudes poéticas iniciales y su mundo lírico constituido por un ambiente mediterráneo con sol y mar, con una realidad luminosa, espléndida y acogedora.
Entre los cargos que desarrolló la primera académica de número de la RAE también destaca su labor como profesora de literatura española en el Instituto de Estudios Europeos y en la Cátedra Mediterráneo de la Universidad de Valencia en Alicante.

La misma Guerra Civil que la alejó de su marido, voluntario en el frente republicano, fue un periodo de intensa felicidad personal gracias a su relación con Amanda Junquera, esposa del catedrático de la universidad murciana Cayetano Alcázar. Hasta la muerte de Amanda en 1986 ya nunca se separarían del todo, ni siquiera cuando Antonio Oliver, que tras la guerra estuvo preso en Baza y luego en reclusión atenuada en domicilios de Murcia y Lorca, se reunió con Carmen en Madrid, a fines de 1945. Por entonces publicó algunos de sus libros poéticos más interesantes: Ansia de la gracia (1945), un políptico amoroso de rico cromatismo; o Mujer sin edén (1947), donde concilia el desarraigo existencial de la poesía de Dámaso Alonso con la nostalgia paradisiaca de Aleixandre, unido ello a una rotunda afirmación femenina.

Esta escritora de más de un centenar de libros, a partir de 1982 comenzó a manifestar síntomas de la enfermedad de Alzheimer, a pesar de ello, se mantuvo activa y en 1987 le fue concedido el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil por Canciones de nana y desvelo. 
CARMEN CONDE EN CABO DE PALOS, SUBIDA AL FARO, PRINCIPIO DE LOS AÑOS 80

"Estaba el camino del faro negro y afilado de viento con lluvia. Un terrible huracán de olas se rompía en los oídos... ¡Oscuro el mar, todo el mar desde Cabo de Palos, por una noche de tormenta blanca y roja sobre su faro!... ¡Ay tierra desnuda, desierta, horadada en su menhir!" CARMEN CONDE
Al igual que Cartagena, La Unión, Melilla, Ifach o El Escorial, Cabo de Palos es un espacio geográfico en el que se recreará repetidamente a lo largo de sus prosas, no así en su verso. Cuando escribe relatos inspirados en el litoral del sureste, en su tierra misma, procura hacer una digresión y recrearse en Cabo de Palos. 
¿Cuándo sucede esta particular vivencia? Debemos adentrarnos en la época de la Universidad Popular. La sede estaba en Cartagena, las clases y conferencias extraordinarias, la biblioteca, tenían carácter fijo y programa establecido como curso. Pero también se incluía el proyecto de Misiones Pedagógicas que abarcaba todo el territorio regional, con puntos extremos previamente seleccionados a los que se pretendía acudir para llevar un poco de cultura a quienes tanto carecían de ella. Entre esos pueblos estaban, entre otros, Zarcilla de Ramos en la sierra de Lorca, Fuente Álamo en el interior y Cabo de Palos en el litoral. 

Acudir a un Cabo de Palos que aún no poseía luz eléctrica, donde el sustento de la economía básica era la pesca y donde la escuela rural estaba en estado precario borró por completo la idílica imagen mironiana que hasta entonces poseía Carmen Conde. El curso contemplaba desde sus inicios realizar la primera etapa de las Misiones en Cabo de Palos: Tenemos noticia de ello el 30 de octubre de 1933 en el diario La Tierra, en el que se lee: 

"Los días 27 y 28 de este mes han actuado los elementos del Patronato de Misiones Pedagógicas señoritas Moliner y señores Cobos y Sánchez Barbudo juntamente con los miembros de la Universidad Popular don Antonio Oliver y doña Carmen Conde de Oliver. Cinco sesiones han sido celebradas. Cine educativo del que gozaron una bella muestra de la universidad Popular el domingo pasado, discos seleccionados de gramófono, canciones populares y lecturas comentadas de poesías y prosas líricas españolas. Los niños, locos de entusiasmo y los mayores, el humilde, sufrido y abandonado pueblo de Cabo de Palos, han disfrutado de la alegría y la cultura sana que difunden estas beneméritas Misiones cuyo corazón es el imponderable M. Bartolomé Cossío. Charlas, comentarios, estímulos de la personalidad local: todo cuanto puede hacerse para acercarse al espíritu del pueblo que trabaja y no dispone de otro agrado que el deber que se ha hecho con extraordinario amor. El jefe de la estación Radiotelegráfica ha prestado su ayuda valiosísima a la Misión Pedagógica, prestando el fluido eléctrico necesario para instalar el cine. La misma noticia se podía leer en El Porvenir que insistía en la satisfacción proporcionada a las sufridas familias de pescadores que abandonadas a su mala suerte, viven olvidadas frente a su hermoso mar. 

En los días de tempestad, encerrados en miserables casucas, muchos ojos doloridos, esperan el milagro de la calma. Hambre, hambre que nadie debe padecer, y menos los niños; los morenos niños salobres, hermosos niños de Cabo de Palos. Siempre desnuditos, descalzos; al viento sus dorados cabellos, sus relucientes rizos oscuros; en las manos las conchas de magnífica arquitectura que el mar regala a sus víctimas. Las mujeres son delgadas y tristes, resignadas; hablan con la misma ondulante voz del agua y en la desierta extensión son islas de inocente amor humilde."

La experiencia del cine tiene su apartado en una prosa titulada: El cine en la playa, del mismo libro: 
"...
-¡Venid al cine! todas las manos que, juntas en un manojo son de bulto como mi corazón, se me han ofrecido. 
-¡Yo, yo, yo!
-¡Cuesta adelante, en el gris verdoso de la tarde, yo subo con mis alegres compañeras; son niñas muy pobres, hijas de pescadores, que van descalzas pero que sonríen. 
Un aletazo del viento rompe la fila de delantales remendados. 
-¡No tengáis miedo. Estoy yo aquí. Y me incorporo sobre el temblor del aire fuerte como un árbol, llena de hojas diminutas que anhelan la felicidad de las imágenes doradas que yo les he brindado."
CARMEN CONDE LLEVA A MIGUEL HERNÁNDEZ Y OTROS COLEGAS AL FARO DE CABO DE PALOS

Hay otro momento importante en la vida del pueblo cabopalense unida a las Misiones Pedagógicas que sucede en 1935: la visita del joven poeta oriolano Miguel Hernández. El matrimonio Conde Oliver había planeado una excursión a Cabo de Palos para agosto de 1935 con el fin de visitar la Biblioteca cedida por la Universidad Popular. La prensa destaca la noticia diciendo que acompañó en su visita el exquisito poeta oriolano Miguel Hernández, admirador profundo de estas costas de Levante. Allí, a los pies del faro, leyeron los relatos de Gabriel Miró inspirados en ese espacio y trajeron a sus crónicas a Andrés Cegarra, que tanto amaba esa zona costera. La excursión tuvo el máximo de facilidades para el traslado de quienes quisieran participar, pues contaba con el apoyo La Junta local del patronato Nacional del Turismo en la persona de su secretario jefe, el señor Martínez Illescas.

"Entonces mi padre nos envió a Cabo de Palos para que se aliviara mi irritabilidad estival. Me llevé unos libros y, entre ellos, El ángel, el molino, el caracol del faro. Gabriel Miró vivió en Cabo de Palos, en casa de unos parientes suyos, amigos de mi abuelo, y conocía las trágicas anécdotas del Cabo. Precisamente en aquel libro suyo se hablaba del naufragio del Sirio****, un barco que se hundió por culpa de la borrachera de su capitán, que lo metió en los bajos de las Hormigas. En la playa del Cabo se veían sepulturas de unas monjas, las mismas que Miró describe magistralmente, a las que el agua arrojó a la playa púdicamente envueltas en sus hábitos Hice amistad con unos pescadores que me dijeron que ellos habían llevado a Gabriel Miró en su barca, hasta Las Hormigas, hasta Escombreras. Era un señor alto, rubio, con un mechón de cabellos sobre la frente, muy educado y muy cariñoso. Sí, yo lo había visto ya en Madrid, a tanto me atreví y le amaba con profundo respeto y admiración inextinguible. Subimos al faro, palmera que se cimbrea cuando el viento sopla amenazador. Nos tendimos en la playa, escalamos rocas agudas, vimos funcionar la radiotelegrafía del Cabo, sembrando chispazos en torno suyo, al mando de un apuesto funcionario llamado Rojas, hombre cordial y generoso. Fuimos felices unos días largos y volvimos en coche hasta Los Blancos; allí nos desviamos para visitar el Convento de San Ginés de la Jara en ruinas..."

Fuentes:
http://historiasyleyendasdecartagena.blogspot.com/2019/04/cabo-de-palos-en-la-vida-y-obra-de.html?m=1











Comentarios

Entradas populares