Cabo de Palos AVE Fénix camisetas

"CADA DISEÑO TIENE SU HISTORIA"

Cabo de Palos, diseño AVE PHOENIX.
Volvamos a principios y mediados de los 80.
Algunos no habíamos aprendido aún ni a hablar bien y ya estábamos enganchados a LAS MÁQUINAS. Para engancharse bastaba con haber aprendido a andar o, al menos, sostenerse en pié 👾

Hoy en día se les llama SALA DE RECREATIVOS, por entonces decíamos simplemente LÁS MÁQUINAS.
En el Cabo ya no existen, en Plaza Bohemia sobrevivieron bastante más.

Los inventos pertenecían al Bazar España, de los hermanos SANLEANDRO (Salvador "Dorín" y PACO), los dos locales contiguos que siguen en pie entre Busquets y La Tana.

Aun cuando en los 80 la hostelería ya gozaba aquí de poderío, no existía nada más popular y divertido que LAS MÁQUINAS.

Además contaba con un irresistible encanto democrático. Todas las edades, todos los colores y todas las clases sociales nos rendíamos juntos y revueltos al fascinante y nuevo mundo de la tecnología estadounidense y sus juegos de Arcade.

Cartageneros, murcianos, madrileños, catalanes e Italianos olvidábamos las absurdas etiquetas de nuestros mayores para entregarnos a la adicción y competir sanamente contra uno mismo, competir a número de pantallas superadas, el caché social con el que entrabas a la sala puntuaba poco. El válido era con el que salías por la doble puerta de cristal que te llevaba a puerto.
Al puerto y a un maravilloso paseo libre de mesas, con bancos de piedra y recia vegetación en los que sentarse para hablar de quiénes habían puesto su nombre en los créditos finales de cada récord.
Estos records se firmaban electrónicamente con una especie de lo que ahora se llamaría NICK, por entonces ese mundo virtual estaba a años luz y sólo se nos permitía firmar con tres letras, sólo tres letras que algunos eran capaces de aprovechar para indicar quién le gustaba.
50.000 puntos ********* RyS

No recuerdo si estas firmas se borraban de noche al apagar las máquinas o se mantenían hasta ser derrotadas. En al menos un juego se mantenía durante mucho tiempo, lo que causaba gran expectación. No descarto la posibilidad que los hermanos SanLeandro o sus hijos no apagaran alguna de las consolas a fin de preservar nuestros éxitos 😀👽

Lo que sí recuerdo es que una vez dentro no importaba que fueras el hijo de un gran empresario, de un pescador o de un constructor, ahí el que brillaba con o sin marca en el polo era el que descubría las estrategias para llegar lo más lejos posible en el #BombJack, #MortalCombact, #PacMan, #DonkeyKong, #StreetFighter, #Amidar... Las pinballs y el billar central también coloreaban la sala.

Nada que ver con lo que ahora significa la solitaria afición al juego desde nuestras casas.
La Sala de Máquinas (de Arcade, sin las deleznables máquinas de apuestas) implicaba tantas cosas aparte de jugar a ellas, que muchos entraban sin intención siquiera de echarse una partida. Para pedir salir a una chica (yeah, eso existió), para dejarse aplastar entre el hueco de dos consolas con el fin de fumar a escondidas, padres buscando a sus preadolescentes desmadrados, quienes acaban de llegar de veraneo para dejar constancia de su presencia estelar, autóctonos con patines de rueda, o si te comprabas una moto o bici nueva la aparcabas en la puerta los días necesarios para ser visto hasta por los zorros del mar.

EL Callejón de las Máquinas tenía las fachadas cubiertas de corazones a tiza o rotulador con nombres, derivaban en borrones, tachones o corazones ampliados según evolucionaban esas historias de amor cada verano.
ANA Y JAVI DE LA MANGA. TACHÓN. RAQUEL Y JAVI.
Borrón. RAQUEL Y SALVA. CHELO Y CARLITOS. MARIADELMAR Y NACHO. SAMUEL Y SUSANA.

Ojalá pudiera recordar las frases que se nos ocurría escribir en esas paredes para mandar indirectas cuando el whatsapp no nos era ni imaginable a pesar de nuestra afición tecnológica, pero lo cierto es que no recuerdo lo que expresábamos, demasiado auténtico para dejarse cazar por el tiempo.

Escribo y diseño para rescatar el ínfimo agasajo de la memoria.
Por muchas vidas que haya dentro de la misma, por muchas experiencias y lugares, acaba robado.

Para el diseño elegí PHOENIX por ser el primer juego que los genios de Atari programaron con distintos diseños y niveles de pantalla.

Me aparece muy chula la casualidad, para ser un Ave Fénix y resistir las fases más tremendas del juego de la existencia, hay que tomarla como eso, como una sucesión de pantallas cada vez más complicadas, con más aprendizaje.
Entrenarte con decisión e intuición, en las partidas no hay tiempo para pensar, avanzar sin miedo a que el juego nos destruya, pues nos quedan más vidas.

Para competir, sobre todo, con nosotros mismos, más que con figurantes. Debiese ser el lado más fortalecedor de un feliz Félix.
A volar.
Hacia delante, que para atrás se lían las alas.

Raquel Bermúdez González
https://www.LaRakeLa.com























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