Septiembre de nuevo.


Después de tres meses al tiempo le apetece un traslado, ocurre siempre acabando septiembre. En poco tiempo pasaré de medio acuático a medio acuoso. Aun así es un mes por el que siento una gran admiración, elegante su disimulada intensidad.

Perdí la cuenta de los años que lleva imponiéndose a agosto y a su afán de protagonismo. Los puntosfinales, los puntoseguidos, los cambios de rasante, reservados para un septiembre que se asoma discretamente hasta inundarlo todo. Sucesiones de días concretos, pensados para el cambio, mejoras, pero también diseñados para la rutina y la repetición de secuencias que, de nuevo, no nos llevarán a ningún lado. Se acabaron las sorpresas en caliente, el amarillo-limón comienza a marear. Sin dilemas algunos optamos por aliarnos con sus aires de tibia grandeza: no importa lo que no ha llegado a ocurrir, al igual que tú también sabía que esta brisa que nos dejas iba a ser suficiente para entender que lo mejor está aún por venir. Una vez más.

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