Felicidades, José.


Estaba convencida de que no podías darme ninguna lección trascendental, tú mismo me has enseñado a ser dura. Pero ha sido de lo más aleccionador ver que teniendo demasiadas papeletas para no seguir aquí, nos has demostrado una fortaleza física y psíquica con la que cerrarme el pico. Tu falta de interés por la música, los libros y recreaciones varias me hace sentir a veinte mil leguas de ti, mi negativa a someterme a una sociedad en la que no creo crea la excusa perfecta con la que preocuparte en exceso. Somos en esencia opuestos, hemos sobrevivido gracias a cosas que nada tienen que ver.

Es algo insólito que, a pesar de tantísimas cosas que han pasado en el centro del universo de nuestra casa, sigamos en el mismo espacio, empeñados en protegernos, intuyendo que ninguno de los dos tiene la razón completa, pero sin perder ocasión para sentenciarnos el uno al otro: nuestras equivocadas ideas nos conducirán a un resquebrajado camino sin retorno. Tan teóricamente aniquiladores como protectores en la práctica, es lo que nos hace iguales en nuestras diferencias.
Felicidades, José...
Felicidades, papá!!!

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