Ya no sufro por amor: cumpleaños casi felices apostando al 14.

El sábado 12 de mayo fue mi cumpleaños, pero hoy 14 vuelvo a celebrarlo aprovechando que es el cumple de mi electroindio, también cumple años Awpau, la muy cabrona comparte birthday con... IAN ASTBURYYYY!!! Por dos días me quedo fuera de juego, así que cojo y lo celebro hoy de nuevo, ¿o para qué sirven los blogs si no es para hacer estas freakheces? OS DESEO Y ME DESEO UN AÑO MOVIDITO LLENO DE AMOR DEL AUTÉNTICO, DE ÉSE DONDE SE TIENE EL MISMO "BUEN OÍDO MUSICAL". Nena, prepárate que el 1 de Julio voy a verte a Valencia con Astbury... Ése fue mi gran regalo de cumpleaños, enterarme de que THE CULT venía de nuevo a ESPAÑA!





Bueno, vale, también me importan los regalos materiales, aunque este año ha sido peladura total. Al menos mi tía Piluche (Pilar) me regaló los dos únicos libros que no he leído de Lucía Etxebarria, los dos últimos: "YA NO SUFRO POR AMOR" y "COSMOFOBIA". Llevo algo más de la mitad del primero y es un enganche absoluto. No me lo había comprado porque el título no me gustaba nada, me sonaba a preparado instantáneo facilón, sigue sin gustarme el título, no hace justicia al rico contenido.

La escritura de Lucía siempre me ha relajado y conciliado con los demás aunque dudo que sea éste su fin, o más bien eso lo decide el lector. Su capacidad de análisis, su generosidad y su implicación me aportan confianza y la certeza de que hay personas que no se dejan cegar y saben cómo gritar todo lo que merece ser gritado. El desprecio a la Etxebarria siempre se ha basado en el caos sentimentaloide de su obra. Creo que es fácil confundir sentimental con emocional, y más aún si se carece de alguna de esas cualidades, la educación tradicional no contempla este tipo de conocimiento. En cualquier caso hay demasiadas personas que no quieren saber ni de lo senti ni de lo emo, y eso les debe producir una antipatía absoluta por todo aquel que triunfe por o a pesar de tener un máster en ambas condiciones.
Aunque Lucía fuera la cabra más alpina del mundo me cuesta creer que "los detractores de su personalidad" no vean que la calidad de su escritura está muy por encima de otras consideraciones. Y no es que lo diga yo, es que se lee en ella. Lucía describe con la precisión y el respeto de un cirujano sobre un corazón abierto para, terminada la operación, despelotarse y arrojar su alma a todos esos demonios interiores y exteriores a sabiendas de lo que le espera..., y eso acojona un poco. A los que no lo hacen.



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