La Sociedad de la Nieve - El hombre en busca de sentido


Decir que La Sociedad De La Nieve es una película sobre la resiliencia y el instinto de supervivencia, es como soltar un chascarrillo cuando lo que pretendes es que un ataque de risa detone esfínteres.

Si me preguntaran qué es entonces, me llevaría esta sociedad al libro "El hombre en busca de sentido",  de Viktor Frankl, otro milagro que supera el propio instinto de supervivencia y cualquier perorata sobre respiro y muerte.

En ambos casos la realidad y su obra se retroalimentan de desesperación y sed a un nivel que ningún análisis alcanza.
Tal vez sea lo correcto no limitarla, aunque necesitemos cambiar impresiones, diferenciar estas dos incursiones. 

Para impresión e incursión la de que  una obra maestra te permita rozar unos minutos la Angustia y Revelación de quienes seguirán rodando con ello hasta el fin de sus días.

Tanto lo angustioso como lo revelado sobrecoge ya en el empiece, con esa cola yéndose a tomar por culo a pareja velocidad de unos cuerpos que nos convierten a todos en monigotes.

Las más de dos horas quedan resumidas en estos tres segundos, la vulnerabilidad y levedad que somos más que cualquier otra cosa. Da igual lo inteligente, talentoso y mágico que te sientas, no hay cinturón que te salve de la salvajada de vivir, nadie se va sin dejar trocitos de carne.

Pau Donés decía que vivir era urgente, por su trabajo sabemos que era su manera de decir que era urgente que tuviéramos amor y acción antes de que la cola del avión se nos fuera de baretas. Quiso decir que vivir es salvajemente urgente.
Porque los accidentes, las enfermedades y los The End no son lo excepcional. 
Lo excepcional es que la conciencia logre transformarse a un nivel que descubra lo casual y arbitrario que resulta seguir vivo.
Mi hermano Samuel decía que vivir era una broma dentro de un cómic del que nunca conseguimos todos los números.

Cuando hace muchos años vi "Viven", era una adolescente que atendió a la tragedia con muchísima empatía y lloro, pero con la distancia de considerar los hechos en otra galaxia. Como si las víctimas de acontecimientos trágicos nacieran de una pasta diferente al resto. Una pasta de mala estrella con la que no hay que identificarse. Así se nos educa, con más penica que compasión.
En este caso había que identificarse aún menos, pues le habían dado a la antropofagia. Recuerdo la polémica, no recuerdo la "resolución del debate", pero sí mucho cuestionamiento.

Esta obra, en este tiempo, devuelve la dignidad que merece todo el que sea capaz de sobrevolar cualquier cordillera lacerante.
Así como quien no fue capaz.
Qué decide quiénes sí y quiénes no, por qué seguir unos y marchar otros, se preguntan rodeados de cadáveres. Y nos preguntamos.

Para los que hemos decidido intentar aprender a través del poder del ahora, entendemos que buscar un
 significado universal con superpoderes fue una timada en la que caímos sin descanso; porque es sin descanso como cambia el sentido en cada instante en el que te atreves a que el ahora sea la carretera principal. 
Cuando bailas el todo está en la música, cuando lees el todo está en la actividad mental, cuando meditas el todo está en la quietud mental, cuando te excitas el todo está en química, cuando tu perro te saca a pasear el todo está en que el perro cague 🐶

Hay momentos fáciles de encontrarles sentido y otros petados de subjetividades, incluso siendo capaz de enfocarse en el ahora uno debe elegir dónde poner el foco para no traicionar "otros ahoras" pasados o próximos. Para los familiares de los supervivientes no es el mismo foco que para los familiares de quienes sirvieron de proteína. 
Esto hace que sea muy interesante a quién pertenece la voz narradora en La Sociedad de La Nieve, le da el Sentido.

Además del sentido de seguir vivo o muerto nos enfrentamos a encontrale otro guion al esfuerzo. Suele venderse que si tienes claro tu propósito y te esfuerzas el universo te allanará el camino. Yo no lo creo en absoluto, creo que estamos a merced de muchos factores, leyes y suertes de los que no tenemos ni ¿zorra?, y que el universo se pega unas buenas risas cada vez que lo etiquetan en estas movidas luminosas, para él son memes.

Si tengo que decidir una actitud y un sentido para seguir esforzándome elijo "cuanto más te esfuerzas, más fuerte golpea la montaña."

Mario Alonso Puig nos dice que cuanto más valiente sea una decisión, más seremos retados para que abandonemos y tiremos la toalla. 
Cierto que este autor toca mucho el pensamiento positivo y las señales del universo que nos ayudan a avanzar, pero siempre lo enriquece con su experiencia y no nos anima a creer que sea fácil, a muchos nos parece alguien honesto y muy inteligente. Además, del pensamiento mágico en algún grado no nos libra nadie por duros que nos creamos.

Si las montañas nos van a retar en proporción a la valentía de nuestro propósito, ¿existe algo más valiente que querer vivir cuando parece que no hay forma de lograrlo? Debemos esperar entonces que se nos ponga a prueba conforme a la fuerza de nuestro propósito.
Solo si resistimos puede aparecer entonces en nosotros la voluntad sobrenatural, que es aún más que el instinto de supervivencia.

A 3.000 metros y treinta grados bajo cero lo sobrenatural aparece en un Fernando Parrado sin clínex ni bufanda polar.
 No sabemos si podría haber aparecido en otro, pero es su fe la que salva también al resto, su determinación para cruzar a pelo lo que quede de los Andes, una locura a la que no se atreven ni siquiera la mayoría de sus imparables compañeros.
La misma loca determinación de Viktor Frankl alucinando con las posibilidades de existir en medio del holocausto, imaginando una vida donde compartir la experiencia con el mundo, al que considera sus hermanos. Del cuerpo consumido de ambos cuelga cruzada la misma fe de madera, pero este es otro tema, o tal vez no tanto.

Se crea en lo divino o no, que a pesar de la tragedia el arte y sus genios recreen tanta salvaje esperanza, 
es un regalo caído del cielo.


Raquel Bermúdez González
LaRakeLa.com - enero 2024








Texto dedicado a mi padre José Bermúdez, que se ofrecía a cruzar en solitario cualquier infierno; y a mi hermano Samuel, que hubiera sido la única persona que lo acompañara en la locura. 


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